La lluvia cae sobre mi cara, por más que corro para cubrirme no puedo, ella llega más rápido que yo. Es una calle solitaria, yo me paro cansado de estar corriendo, pero mi mente nunca descansa, siempre vengo pensando sobre temas triviales de mi vida, pero esta vez oigo algo que me llama la atención, una voz detrás de mi, volteo pero no hay nadie, fue mi imaginación me digo, pero la vuelvo a oír, esta vez la oigo bien dice: “Que haces ahí, los humanos generalmente se esconden del agua”. Volteo y no hay nadie, pero veo algo moviéndose, parece un gato, el me dice: “Los humanos son como nosotros, se intentan esconder siempre del agua”. Le pregunto si esta hablando conmigo a lo que responde: “Te aseguro que no le estoy hablando a la pared”. Yo no se si correr, patear al gato, hay algo de repulsivo en él que no soporto. Así que digo: “Bueno si como digas”. Sigo mi camino, me quedo pensando porqué un gato esta hablando conmigo. Cuando doy vuelta a la calle ahí esta el gato viéndome, me dice: “A que te escondes, porque huyes, sólo intento ser amistoso con alguien”. Ya viéndolo más cerca me doy cuenta que no tiene un ojo, Dice: “A mi ojo, pelea callejera, pero no tengas miedo”. Me doy cuenta que no le tengo miedo al gato, a lo que le tengo miedo es a mí, porque estoy hablando con un gato, los gatos no hablan como los humanos, no hay forma de que nos podamos comunicar, además parece que nunca abre los labios, es mi imaginación. Lo paso de largo. La lluvia endurece, ya casi es granizo, siento mucho frío, meto mis manos entre la chamarra para ver si se pueden calentar. Noto que el gato esta caminando junto a mi. Le digo: “Perdón no tengo tiempo para hablar, me esperan en mi casa, y además me ando muriendo de frío”, y me responde: “Estas seguro de eso, yo me daría la vuelta y vería que hay atrás de mi”. Volteo y no encuentro nada, me contesta el gato “No puede ser que sean tan tontos los humanos, mira el suelo”. Yo veo el piso y sólo encuentro una hoja mojada de periódico, al parecer de hoy. Leo el encabezado: “Muerte, los riesgos de la ciudad de los autos”. Leo el artículo, es una periódico amarillista yo lo se por las imágenes, veo las fotos y reconozco a la persona atropellada, al parecer soy yo. Volteo a ver al gato y ya no esta en el mismo lugar, oigo su voz detrás de mi: “Te moriste ayer, no lo recuerdas”. Lo pienso, no me acuerdo, y la verdad no siento preocupación por ello. Veo al gato, el frío que sentía es más duro, le digo: “Gracias por el dato. Nos vemos, tengo frío”, sigo mi camino y ya no volteo a ver al gato.

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